sábado, 4 de abril de 2015

Y los vuelve a abrir

Julián (foto de Camila Toledo).

Y los vuelve a abrir

Intento hacer dormir a mi hijo:
Lo pongo junto a mí y malgasto
Canciones de cuna en la penumbra.
Él lanza un quejido contra el insomnio
Y clava su pequeño pie en mi costado
Para hacer más carnal la noche en que sostengo
El peso de sus sueños a la espera
De que vuelva violenta la vigilia
A arrancarlo cada día de mis brazos.

para Julián


Fernando G. Toledo

[De Mortal en la noche
Alción Editora, Córdoba, Argentina, 2013]

viernes, 27 de febrero de 2015

Leonard Nimoy (1931-2015) - Fotos de ti



Fotos de ti

por Leonard Nimoy


Estás rodeado por fotos de ti.
Aquí tan joven, tan hermoso eres.
Aquí, con una y hasta dos mujeres
Aquí estás, por supuesto, tan feliz
Así, rodeado por fotos de ti.
Tus muros, tapizados:
No queda más lugar
Qué pena, tienes un rostro sin par
Y muy bien apreciado.
¿Alguna vez te has sentido agotado
De ver fotos de ti?
Te ilumina de arriba un reflector,
Te gritan tus fans palabras de amor,
Y tú, siempre ocupado.
¿No te sientes mareado
De ver fotos de ti?


© Versión al español: Fernando G. Toledo



Pictures of You

by Leonard Nimoy


You’re surrounded by pictures of you.
Here you are so young and handsome
Here you are with a wife or two
Here you are, so happy and then some
Surrounded by pictures of you.
Your walls are covered
No more space
Too bad, you’re such a pretty face
And so adored
Do you ever get bored
Looking at pictures of you ?
You’re hit with a spotlight from above
Your fans are screaming words of love
You’re always so busy
Don’t you get  dizzy
Looking at pictures of you ?


Publicado en la página oficial de Leonard Nimoy

jueves, 19 de febrero de 2015

Música para sueños

 
Ilustración: Hans Walor.


Por Fernando G. Toledo

costumbro a dormirme con música. Boca arriba, con los auriculares puestos y con mi reproductor de MP3 o un hermoso discman Sony que funciona como el primer día. No elijo una música especial para el sueño. Puede ser un viejo disco de rock progresivo italiano, una versión que haya transitado poco de alguna sinfonía de Mahler, un disco nuevo de algún artista que quiero conocer o una pieza para piano que me gustaría tocar yo mismo.

Me parece fascinante entrar en el sueño de esa manera. Por lo general, escuchar música es una tarea que emprendo con la mayor seriedad. Escucho el disco, leo sobre él, comparo lo que voy oyendo con lo ya oído, hago enlaces inesperados y disecciono la música mientras va sonando. En suma, dispongo de mis sentidos en alerta para disfrutarlo bien despierto.

Sin embargo, cuando conecto la música a mis oídos para entrar en el sueño lo hago casi como si buscara un sucedáneo de las canciones de cuna que mi madre entonó para que yo durmiera de pequeño. Comienzo escuchando la música con atención, pero pronto divago y lo que suena pasa a esfumarse en el paisaje que el artefacto cerebral va haciendo correr, como un tren que entra despacio en un túnel oscuro.

No deja de ser curioso que, como un antónimo de esos artilugios que me llevan con música a las puertas del sueño, la vigilia reaparezca con otro sonido: el del reloj despertador. Que, en mi caso, viene en la forma de un teléfono celular, con alarma programable y capaz de ser postergada por algunos minutos, ya que pasar de un estado a otro (de dormido a despierto) puede resultar violento para algunos de nosotros.

En todos estos años de dormir con música, hay algo que no he logrado saber. No he podido comprobar si, del mismo modo que cambia el ánimo en la vigilia, la música contribuye con la hechura de los sueños. Es algo que se pierde en la oscuridad del túnel.

En un libro titulado, apropiadamente, Música para sueños, el exquisito poeta español José Cereijo se lamenta  por todo aquello que producimos al dormir y no queda en la memoria: «Tampoco volverán las caras que esta noche / salgan de los talleres delicados del sueño», dice en su poema El don. Pero, ¿por qué lamentarse? Acaso el verdadero efecto de la música para sueños sea aliviarnos del peso de esa factoría, diluir el poder que lo onírico nos pueda provocar. Quizá la música ayude a que no nos durmamos del todo y una simple alarma alcance para sacarnos de esos edificios mudos que construye el dormir. Quizá la música distraiga a los operarios del sueño y sea mejor así. Porque si ese taller funcionara a toda máquina su silencio (que es la perfección de la música) se parecería demasiado a la muerte como para salir de él, así como así.

viernes, 23 de enero de 2015

Libro de preguntas que trascienden el «yo»

Por Sonia Rabinovich

Querido poeta, gracias por estos poemas de Mortal en la noche, libro de preguntas que trascienden el «yo» para universalizarse en los cuestionamientos del ser y su existencia.
Se hace presente la ausencia en cada poema y el mundo existiendo per se sin necesidad de la mirada del poeta; sin embargo, es esa mirada la que hace existir al mundo para sí y darle un sentido. Podría arriesgar, Fernando, tras una primera lectura, que el núcleo medular de este poemario se encuentra en Cuatro elementos: 1/La tierra: 

«Y el mundo externo al que, pareciera, nunca
Vas a pertenecer (…)
(...) Respiras
Y crees dejar en cada mínimo gesto
Una muesca. Pero el planeta borra
Con un giro más cualquier evidencia». 

Esta es tu huella Fernando, el poema, y esta también tu tierra de pertenencia. Gracias nuevamente por este libro.

jueves, 18 de diciembre de 2014

El infierno de la obsecuencia

Dante y Virgilio se asoman «desde la roca
más saliente». Ilustración de Gustave Doré para el
pasaje de la Divina Comedia sobre los aduladores.

Por Fernando G. Toledo

ante Alighieri no parece haber dudado cuando decidió colocar a los obsecuentes en el Infierno de su Comedia. Condenados a uno de los sacos más asquerosos de todo su paisaje infernal, el poeta italiano imagina a los aduladores mezclados, hundidos, confundidos ya con los desechos humanos, en una cloaca tan profunda que para ver en su interior hay que asomarse desde «la roca más saliente». Por supuesto: a las heces se las oculta, se las tapa y entierra. Nadie quiere verlas ni olerlas, ni siquiera los demonios del infierno.

Está claro que el divino poeta siente un asco visceral por la obsecuencia y es por ello que se permite, en el Canto XVIII en el que aparecen los aduladores, variar la tonalidad de sus versos e incorporar palabras que provoquen estridencia y repugnancia. Por ejemplo: «Y a poco que empecé a observar atento, / vi a uno con tanta mierda en la cabeza, / que si era laico o fraile no comento» (*). Tan sumergido en excrementos está el adulador al que Dante y Virgilio observan que no pueden siquiera advertir si cuenta con todo su cabello o (muy probablemente) tiene la marca de la tonsura por ser miembro de la curia.

Cualquiera que haya atestiguado la lisonjería, la sumisión irrestricta de un adulador o una aduladora, puede haber sentido la misma repulsión que el Dante. Quizá porque de todos aquellos con los que debemos convivir –en nuestras relaciones sociales y sobre todo en los trabajos– los obsecuentes sean los que más rápido entran en esa categoría que los argentinos, muy poéticamente, solemos llamar mierdas de persona.

Pero ya Cicerón había advertido que los obsecuentes no existen porque sí: «Aquel que presta más oído a las lisonjas es el mismo que es más dado a halagarse a sí mismo y que más se deleita en su persona». Y, ciertamente, si bien quitamos la vista, asqueados, de los aduladores y chupamedias, casi nunca hacemos lo propio con los que se dejan rodear y «endulzar» con las palabras, actos y movimientos serpenteantes de esos que lamen sus retaguardias para siempre obtener algo, sea lo que fuere. Aquellos que se solazan o siquiera toleran a los que, bajo su dominio, se desviven por darles la razón, soban sus vanidades o acatan acríticamente sus decisiones, los adulados, al fin, parece que tuvieran atrofiados los sentidos: anestesiados por las lisonjas que ciertas lenguas esparcen con azúcar (la imagen, por supuesto, es de la Divina comedia) no son capaces de advertir que los favores que devuelven a cambio de esa obsecuencia no sirven para otra cosa que para alimentar un mismo fermento putrefacto.

Quién sabe qué bolsa del infierno dantesco habrían ocupado los que viven y gozan con la lisonja. Acaso fuera otra letrina en la que se hundirían, sólo que esta vez llena de una mierda sin olor. Y seguramente no habría siquiera un lugar para asomarse y ver cuán llenas están de ese excremento sus cabezas. 


Ilustración de Stradanus inspirada en la visión
de Dante Alighieri de los aduladores.
(*) Las versiones al español de los versos de La divina comedia son de Sergio Albano.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Philip Larkin (1922-1985) - Que este sea el verso

Philip Larkin, retrato de GForce7.

Que este sea el verso

por Philip Larkin

Tu vieja y tu viejo te están cagando.
Podrían no hacerlo, pero es así.
Con sus mismas fallas te van cargando
Y con alguna más, sólo por ti.

Ellos también fueron antes cagados
Por tontos con gorro y sacos antiguos,
Tipos que eran a veces moderados
Y otras ahorcaban al cuello contiguo.

Sólo miseria es lo que el hombre cede,
Como un muelle se hunde poco a poco.
Escápate de allí, ahora que puedes
Y no tengas un hijo tú tampoco.



© Versión al español: Fernando G. Toledo



This Be The Verse

by Philip Larkin

They fuck you up, your mum and dad.
They may not mean to, but they do.
They fill you with the faults they had
And add some extra, just for you.

But they were fucked up in their turn
By fools in old-style hats and coats,
Who half the time were soppy-stern
And half at one another's throats.

Man hands on misery to man.
It deepens like a coastal shelf.
Get out as early as you can,

martes, 4 de noviembre de 2014

Depuración verbal, transparencia, lucidez, delicadeza


Para quienes amamos la poesía y tenemos ya muchos años, descubrir a un nuevo poeta representa un feliz acontecimiento. Es lo que me ha ocurrido con el regalo de tus poemas (¿podemos tutearnos?), especialmente con la lectura de Mortal en la noche.

Empecé por Viajero inmóvil, libro sobre el viaje, la distancia y la quietud como metáforas de la vida y también del amor; una reflexión sobre el ser y el estar en el mundo de lo incierto a través de unos versos originales pero que, te confieso, por momentos me parecieron un tanto crípticos y con hallazgos más conceptuales que poéticos.

Por otra parte, desde un punto de vista técnico, no comprendo por qué conservaste la tradición clásica de iniciar todos los versos con la primera palabra en mayúscula mientras cometés la transgresión  de eliminar los signos de puntuación. Recuerdo que Borges decía que crear por omisión es lo más fácil; lo difícil sería, en este caso, inventar nuevos signos.

Por suerte (para mí) dicha abolición meramente gráfica no se repite en Mortal en la noche, el libro que más me impresionó por su insoslayable calidad literaria. Encuentro en estos poemas una notable evolución respecto de los anteriores: depuración verbal, transparencia, lucidez, delicadeza. Personalmente, me siento más identificado con los versos de este libro; no sólo comparto algunos temas como la música y los músicos, el contenido trascendente de un libro o una película, los hijos, ese hurgar sutilmente en la realidad para tratar de comprender su razón o su misterio. Tengo para mí que este último aspecto es, fundamentalmente, el anhelo y la función de la poesía, además, por supuesto, de crear una belleza que se transmita al lector y lo conmueva.

Las composiciones de Mortal en la noche, juntamente con su calidad, tienen un acento muy personal, muy auténtico y, desde el punto de vista literario, muy contemporáneo. Sos un poeta excelente. Te felicito y me felicito por haberte descubierto. Gracias. Cordialísimamente

Antonio Requeni