lunes, 31 de marzo de 2014

Poesía argentina actual

Ilustración de Leonardo Matthias.
El gran poeta, narrador y ensayista Luis Benítez preparó una antología titulada Poesía argentina actual: un recorte de temas y autorespara el número 89 de la revista brasileña Diversos Afins.

En ella incluyó a Fernando G. Toledo, junto a los siguientes poetas: Concepción Bertone, Jorge Boccanera, Leandro Calle, César Cantoni, Leopoldo Castilla, Rodolfo Godino, Esteban Moore, Alejandro Schmidt, Santiago Sylvester, Alberto Szpunberg, Susana Szwarc, Rubén Valle y Paulina Vinderman.

Sobre Toledo, dice en su presentación: «Nascido na Província de Mendoza, em 1974, Toledo emprega uma linguagem falsamente simples para expor um desenvolvimento de sentidos que irá se multiplicar até o verso final, desenhando um atroz e fascinante universo, sua própria versão da condição humana».

martes, 18 de marzo de 2014

Una escritura que es un mundo vivo

Por Jorge Ariel Madrazo
Acerca de Mortal en la noche (2013)

Admiro y celebro la ductilidad de tu decir/sentir poético, eso que –sin hacer causa del pudor que acompaña a tales palabrotas– me gustaría llamar interacción dialéctica entre la experiencia directa y la memoria y elaboración ulterior, manifestadas luego en una escritura que es un mundo vivo en sí misma.
Esto es: no una representación, sino un cuerpo que respira y habla por su propia boca. Intelecto siempre presente, pero que (por fortuna y por sabio instinto poético) es vehículo y complemento de lo sensorial.
El poema que da título al libro me trae reminiscencias (no hablo aquí de influencias, sí muy posiblemente de amor hacia el hermano mayor) del entrañable Joaquín [O. Giannuzzi]. No es por azar que lo nombras, y a Saer, y que pones acápites de Quevedo y Anadón, dos cultores dela forma.
Muy acertadas las palabras de José Cereijo en la contratapa: reivindicar el presente, ese andar día a día con uno, los demás y el deseo, por lo mismo que está condenado a no ser.
El abrazo, Fernando... y chapeau!

lunes, 2 de diciembre de 2013

Un poeta mayor

Por Rafael Felipe Oteriño

Querido Fernando:

Leo tu libro y descubro a un poeta mayor y su lúcida meditación sobre nuestra condición temporal; y en paralelo, el afán constructivo de crear la pieza verbal que dé respuesta al corazón desolado; he subrayado Documento de identidad, Caza mayor y menor, Archivo JPG, Autodefinido y me he detenido en Hybris, que contiene y expresa nuestros desvelos de escritores; hay urgencia en tu decir y eso legitima a todos y a cada uno de los poemas, porque permite componer el escenario y el primer agonista; dice muy bien Cereijo cuando destaca la «mirada escéptica y lúcida» de quien «se sabe solidario de todo cuanto existe»; está hablando de una conducta y de valores y no otro es el ámbito de tu poesía necesaria; te mando un abrazo agradecido, mientras te sigo leyendo (pero esquivando el «mortal» para el que todavía sos joven).

26 de noviembre de 2013

viernes, 25 de octubre de 2013

Reinstalar la historia de la poesía

Por Santiago Sylvester

Querido Fernando, este fin de semana largo me pasé leyendo tus libros.

Además de parecerme muy buenos, me gustó mucho tu actitud ante la poesía, cómo te parás frente al hecho poético. He podido ver cómo viene viniendo tu poesía en cuatro libros, y ahí se nota bien la seriedad: una propuesta de conocimiento, que no le tiene miedo a los grandes asuntos ni a reinstalar la historia de la poesía.

Me gustó mucho el uso del endecasílabo. En sí mismo, ya es algo que me gusta por lo que refleja: que se vea el conocimiento específico y que, como se lo use, haya respeto por el verso: que últimamente está bastante mal tratado por los poetas.

Por otra parte, manejás una prosodia muy propia, con una manera de acentuar en la que apenas se nota que se trata de endecasílabos: y eso está muy bien.

En fin, amigo, esto no es crítica literaria sino rápido comentario de lector.

Te felicito y te mando un abrazo.

15 de octubre de 2013

martes, 17 de septiembre de 2013

El poeta descubre

Por Dionisio Salas Astorga

(A Fernando G. Toledo, por Mortal en la noche, más poeta que nunca)
Septiembre de 2013 


el poeta descubre
que está solo al anochecer

amanecerá de nuevo sin su sombra

(es uno dividido por uno)

camina entre sus pares
las palabras lo olfatean en la calle

lo siguen la vereda precisa
lo abandonan en la esquina del pueblo

el poeta es un hombre
le pesa la tierra su cuerpo hilvanado
a la nada

escribe: mortal

contiene un segundo
la lava infinita del universo


martes, 3 de septiembre de 2013

La melancolía estoica



Sobre Mortal en la noche, de Fernando G. Toledo. Alción Editora, 2013.

Por Fabián Soberón
fsoberon2003@yahoo.com.ar

He leído una y otra vez los poemas de Mortal en la noche. Una y otra vez he encontrado la extraña sombra de la desolación que serpentea entre los versos. He leído y he releído algunos poemas. Me gusta cómo Toledo entrelaza la filosofía con la poesía. 
Me parece logrado ese ejercicio de ubicar –entre líneas– ciertas posiciones filosóficas. Percibo un tono escéptico en los versos y un aire materialista, ateo, en algunos poemas. Ese aire no es didáctico ni apologético (en el sentido peyorativo de estos términos) sino, por momentos, lírico. Incluso, hay una nostalgia estoica que agranda la melancolía de ciertos poemas. 
Para mí, son inolvidables –y ya sabemos que cada lector hace su propia y pequeña antología– Gesto en el universo, Y los vuelve a abrir y Mortal en la noche
Es un acierto el título del libro. En estos poemas lo coloquial (lo cotidiano) se mezcla de manera maravillosa con la profundidad del asunto metafísico. Siento –y quizás me equivoco– que a estos poemas no les falta ni les sobra nada. Hay un equilibrio –ese que quería Octavio Paz– entre forma y sentido, una unidad que deslumbra. Y eso no es poca cosa. Creo que ahí «nada» la poesía.
 

lunes, 26 de agosto de 2013

Relámpagos escondidos

Sobre Mortal en la noche, de Fernando G. Toledo. Alción Editora, 2013.

Por Rodolfo Braceli (*) 

Fernando, no siempre, pero a veces me pasa: pienso y siento que la poesía brota, desde arriba o desde abajo, como si fuera relámpagos, relámpagos internos, en los momentos menos esperados de los poemas.
Y tu libro está sembrado de relámpagos escondidos. Son líneas, latigazos de lucidez, de alumbramiento.
Más te digo: esas líneas, tan intensas, hasta podrían sacarse de cuajo del eventual poema, porque aguantan y merecen la blanca página entera para ellas solas.
Al leer tu libro, se dio que me puse a conversar con esas líneas, con esos latigazos de candor y de lucidez.
Lo que estoy tratando de decirte tiene que ver con lo medular. Adentro de esos relámpagos pienso, siento, que está el pulso de la genuina poesía.
Y esto no es frecuente: lo frecuente es la poesía «fabricada» con jerga poeticuda. En esos casos uno no puede hablar de relámpagos; a lo sumo puede hablar de cañitas voladoras.
Te doy algunos ejemplos de lo que sentí como relámpagos, como líneas que hasta merecerían estar solas, con la página entera a su alrededor, porque en si mismas las siento como poemas:


«En este cuarto donde la Tierra no gira»
pongo «el cuerpo en cada escaramuza
:
El cuerpo que ya
Igual doy –no sin pena– por perdido».

*

«La abundancia sideral del mundo
allá afuera»

*

«De pronto es de noche y aquí
no hay nada.
Apago las luces de la casa
y oigo, sin ver,
                             cómo todo se va».

*

«Pero hay también una sombra
y un poco más allá, ininteligible, el resto
de la entera noche que comienza».

 *

«...mientras afuera el mundo,
sí…»

*
[Gran definición de Borges]

«Un hereje hastiado de irrealidad
dirá que los espejos y la cópula
son en igual medida abominables
porque multiplican el número de los hombres».

*

«...y descubre
que no conoce el nombre del color
que tiene el barro fresco
de la sangre y la tierra cuando se mezclan»

*

«Al final de cuentas Dios siempre ha sido
tan solo el nombre
                                    de lo que ignoramos»

*

«Hincado ante una herida de papel,
me ofrezco a la agonía de lo vano»

*

«Afuera hay una verdad de cosas
que viven, que mueren, que no
te necesitan»

*

«Estos cuerpos
arrojados
al diluvio de las horas»

*

Fernando,
¿podrás perdonarme este manoseo de tu escritura; perdonarme que me haya atrevido a desgajar esos relámpagos, esos poemas escondidos adentro de tus poemas?
Quiero decírtelo rápido, redondamente:
tu libro, ¡un libro deputamadre!
Gracias por tu libro. Gracias por sus relámpagos. Mi abrazo,  Rodolfo.

(*) Carta personal al autor