viernes, 23 de enero de 2015

Libro de preguntas que trascienden el «yo»

Por Sonia Rabinovich

Querido poeta, gracias por estos poemas de Mortal en la noche, libro de preguntas que trascienden el «yo» para universalizarse en los cuestionamientos del ser y su existencia.
Se hace presente la ausencia en cada poema y el mundo existiendo per se sin necesidad de la mirada del poeta; sin embargo, es esa mirada la que hace existir al mundo para sí y darle un sentido. Podría arriesgar, Fernando, tras una primera lectura, que el núcleo medular de este poemario se encuentra en Cuatro elementos: 1/La tierra: 

«Y el mundo externo al que, pareciera, nunca
Vas a pertenecer (…)
(...) Respiras
Y crees dejar en cada mínimo gesto
Una muesca. Pero el planeta borra
Con un giro más cualquier evidencia». 

Esta es tu huella Fernando, el poema, y esta también tu tierra de pertenencia. Gracias nuevamente por este libro.

jueves, 18 de diciembre de 2014

El infierno de la obsecuencia

Dante y Virgilio se asoman «desde la roca
más saliente». Ilustración de Gustave Doré para el
pasaje de la Divina Comedia sobre los aduladores.

Por Fernando G. Toledo

ante Alighieri no parece haber dudado cuando decidió colocar a los obsecuentes en el Infierno de su Comedia. Condenados a uno de los sacos más asquerosos de todo su paisaje infernal, el poeta italiano imagina a los aduladores mezclados, hundidos, confundidos ya con los desechos humanos, en una cloaca tan profunda que para ver en su interior hay que asomarse desde «la roca más saliente». Por supuesto: a las heces se las oculta, se las tapa y entierra. Nadie quiere verlas ni olerlas, ni siquiera los demonios del infierno.

Está claro que el divino poeta siente un asco visceral por la obsecuencia y es por ello que se permite, en el Canto XVIII en el que aparecen los aduladores, variar la tonalidad de sus versos e incorporar palabras que provoquen estridencia y repugnancia. Por ejemplo: «Y a poco que empecé a observar atento, / vi a uno con tanta mierda en la cabeza, / que si era laico o fraile no comento» (*). Tan sumergido en excrementos está el adulador al que Dante y Virgilio observan que no pueden siquiera advertir si cuenta con todo su cabello o (muy probablemente) tiene la marca de la tonsura por ser miembro de la curia.

Cualquiera que haya atestiguado la lisonjería, la sumisión irrestricta de un adulador o una aduladora, puede haber sentido la misma repulsión que el Dante. Quizá porque de todos aquellos con los que debemos convivir –en nuestras relaciones sociales y sobre todo en los trabajos– los obsecuentes sean los que más rápido entran en esa categoría que los argentinos, muy poéticamente, solemos llamar mierdas de persona.

Pero ya Cicerón había advertido que los obsecuentes no existen porque sí: «Aquel que presta más oído a las lisonjas es el mismo que es más dado a halagarse a sí mismo y que más se deleita en su persona». Y, ciertamente, si bien quitamos la vista, asqueados, de los aduladores y chupamedias, casi nunca hacemos lo propio con los que se dejan rodear y «endulzar» con las palabras, actos y movimientos serpenteantes de esos que lamen sus retaguardias para siempre obtener algo, sea lo que fuere. Aquellos que se solazan o siquiera toleran a los que, bajo su dominio, se desviven por darles la razón, soban sus vanidades o acatan acríticamente sus decisiones, los adulados, al fin, parece que tuvieran atrofiados los sentidos: anestesiados por las lisonjas que ciertas lenguas esparcen con azúcar (la imagen, por supuesto, es de la Divina comedia) no son capaces de advertir que los favores que devuelven a cambio de esa obsecuencia no sirven para otra cosa que para alimentar un mismo fermento putrefacto.

Quién sabe qué bolsa del infierno dantesco habrían ocupado los que viven y gozan con la lisonja. Acaso fuera otra letrina en la que se hundirían, sólo que esta vez llena de una mierda sin olor. Y seguramente no habría siquiera un lugar para asomarse y ver cuán llenas están de ese excremento sus cabezas. 


Ilustración de Stradanus inspirada en la visión
de Dante Alighieri de los aduladores.
(*) Las versiones al español de los versos de La divina comedia son de Sergio Albano.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Philip Larkin (1922-1985) - Que este sea el verso

Philip Larkin, retrato de GForce7.

Que este sea el verso

por Philip Larkin

Tu vieja y tu viejo te están cagando.
Podrían no hacerlo, pero es así.
Con sus mismas fallas te van cargando
Y con alguna más, sólo por ti.

Ellos también fueron antes cagados
Por tontos con gorro y sacos antiguos,
Tipos que eran a veces moderados
Y otras ahorcaban al cuello contiguo.

Sólo miseria es lo que el hombre cede,
Como un muelle se hunde poco a poco.
Escápate de allí, ahora que puedes
Y no tengas un hijo tú tampoco.



© Versión al español: Fernando G. Toledo



This Be The Verse

by Philip Larkin

They fuck you up, your mum and dad.
They may not mean to, but they do.
They fill you with the faults they had
And add some extra, just for you.

But they were fucked up in their turn
By fools in old-style hats and coats,
Who half the time were soppy-stern
And half at one another's throats.

Man hands on misery to man.
It deepens like a coastal shelf.
Get out as early as you can,

martes, 4 de noviembre de 2014

Depuración verbal, transparencia, lucidez, delicadeza


Para quienes amamos la poesía y tenemos ya muchos años, descubrir a un nuevo poeta representa un feliz acontecimiento. Es lo que me ha ocurrido con el regalo de tus poemas (¿podemos tutearnos?), especialmente con la lectura de Mortal en la noche.

Empecé por Viajero inmóvil, libro sobre el viaje, la distancia y la quietud como metáforas de la vida y también del amor; una reflexión sobre el ser y el estar en el mundo de lo incierto a través de unos versos originales pero que, te confieso, por momentos me parecieron un tanto crípticos y con hallazgos más conceptuales que poéticos.

Por otra parte, desde un punto de vista técnico, no comprendo por qué conservaste la tradición clásica de iniciar todos los versos con la primera palabra en mayúscula mientras cometés la transgresión  de eliminar los signos de puntuación. Recuerdo que Borges decía que crear por omisión es lo más fácil; lo difícil sería, en este caso, inventar nuevos signos.

Por suerte (para mí) dicha abolición meramente gráfica no se repite en Mortal en la noche, el libro que más me impresionó por su insoslayable calidad literaria. Encuentro en estos poemas una notable evolución respecto de los anteriores: depuración verbal, transparencia, lucidez, delicadeza. Personalmente, me siento más identificado con los versos de este libro; no sólo comparto algunos temas como la música y los músicos, el contenido trascendente de un libro o una película, los hijos, ese hurgar sutilmente en la realidad para tratar de comprender su razón o su misterio. Tengo para mí que este último aspecto es, fundamentalmente, el anhelo y la función de la poesía, además, por supuesto, de crear una belleza que se transmita al lector y lo conmueva.

Las composiciones de Mortal en la noche, juntamente con su calidad, tienen un acento muy personal, muy auténtico y, desde el punto de vista literario, muy contemporáneo. Sos un poeta excelente. Te felicito y me felicito por haberte descubierto. Gracias. Cordialísimamente

Antonio Requeni

lunes, 27 de octubre de 2014

Dylan Thomas (1914 - 1953) - En mi oficio o más bien arte sombrío

Retrato de Dylan Thomas.

Hace hoy un siglo nacía en Gales el poeta Dylan Thomas, una de las voces más poderosas de la lírica contemporánea. Como un modesto tributo a su enorme legado ofrezco esta traducción de uno de sus poemas canónicos.


En mi oficio o más bien arte sombrío…

Por Dylan Thomas

En mi oficio o más bien arte sombrío
Que ejercito en las noches silenciosas
Cuando sólo la luna está rabiosa
Y con todos sus miembros doloridos
Los amantes se acuestan en la cama,
Yo trabajo a la luz de cierto canto
No para traficar con los encantos
Ni por pan o ambición, o por la fama
Que depare el marfil de un escenario
Sino por ese mísero salario
Que da su más secreto corazón.

No para el orgulloso o el esquivo
De la luna rabiosa es que yo escribo
Sobre papeles en ebullición,
Ni para los altares de los muertos
Con todos esos salmos y esas aves,
Sí para los amantes y sus miembros,
Que abrazan a dolores centenarios
Y no pagan con loas o salarios
Ni atienden a mi oficio o más bien arte.


© Versión en español de Fernando G. Toledo



In My Craft or Sullen Art

by Dylan Thomas

In my craft or sullen art
Exercised in the still night
When only the moon rages
And the lovers lie abed
With all their griefs in their arms,
I labour by singing light
Not for ambition or bread
Or the strut and trade of charms
On the ivory stages
But for the common wages
Of their most secret heart.

Not for the proud man apart
From the raging moon I write
On these spindrift pages
Nor for the towering dead
With their nightingales and psalms
But for the lovers, their arms
Round the griefs of the ages,
Who pay no praise or wages
Nor heed my craft or art.


«In My Craft or Sullen Art» from The Poems of Dylan Thomas.


Otras traducciones:

Versión de Elizabeth Azcona Cranwell.

Versión de Pablo Anadón.

Versión de Raquel Partnoy.

Versión de Esteban Pujals.

Versión de Jorge Ferrer-Vidal.


martes, 14 de octubre de 2014

Una historia que merecía ser contada

Como una de las últimas actividades de la Feria del Libro 2014, el domingo a las 18, en la Sala Roja (nuevo lugar asignado) del Espacio Cultural Julio Le Parc, se presentará De Mendoza a Tokio, una novela de no ficción, la primera de mi autoría.

Fernando G. Toledo 


sábado, 6 de septiembre de 2014

Lo cotidiano y lo universal

Correo personal al autor

Por Pablo De Santis

(...) Estoy leyendo tus poemas. Hay muchos que me gustan mucho, pero destaco uno en especial: Una franja sin pintar. Me encanta esa unión que trazás entre lo  cotidiano y lo universal.

Un abrazo.