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Prestidigitadores de la palabra

Por Fernando G. Toledo

l ilusionismo, que aún hoy muchos llaman magia, consiste en algo que se dice rápido, pero que cuesta conseguir: ocultar un movimiento a la vista de todos. Ahí está el embustero conejo que el mago saca de pronto de una galera sorprendente.

Pero hay otros ilusionismos, no menos sutiles, que en trabajosas noches insomnes los escritores, prestidigitadores de la palabra, han utilizado para hacer posible su propia magia.

Los tropos, recursos literarios varios (metáforas, metonimias, prosopopeyas), serían esos recursos con los que los escritores ponen en marcha la ilusión. De entre ese arsenal de recursos lingüísticos hay uno que ha fascinado, más por los resultados que por la propia técnica, a estudiosos y poetas varios. Ese recurso es la hipálage.

Como sucede con los ilusionistas, explicar la técnica es sencillo, aunque conseguir los resultados no lo sea tanto.

La hipálage no es otra cosa que un cambio, un reemplazo. Pero no una sustitución compleja y laberíntica, s…

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