El dogma de la Inmaculada Corrección



por Fernando G. Toledo


La siguiente declaración es un juego distópico. Cualquier semejanza con la realidad corre por cuenta de la imaginación de los lectores. 


* * *

Teniendo en cuenta los tiempos que corren ha llegado el momento de poner por escrito las exigencias morales de nuestro presente. El CPC (Comité de lo Políticamente Correcto) ordena:

No admires una película, no leas un libro, no goces de una pintura, no elogies un edificio, no admires ni un corte de cabello sin antes preguntar si la autoría de esa obra maestra pertenece a alguien que nuestra moral autoriza. Qué irreverencia pensar que puede alguien malvado hacer una obra maestra. 

No hay artista, especialista o luminaria del pensamiento que vaya a resistirse a nuestros exigentes filtros: habrá de vérselas con ellos si lo que han hecho es excelso, pero en otro ámbito han cometido un error. Hasta los aplausos le quitaremos. 

A la hora de actuar políticamente debes tener en cuenta que no pesa tanto la acción política como la definición oficial de tu postura, que no podrá ser más que «de centro». Si en realidad estás más bien a la derecha o a la izquierda, poco interesa. Eso sí: podrás decir que estás a la izquierda, pero no a la derecha. A menos que esa izquierda sea alguna que exista o haya existido: evita mencionar las palabras «china» o «soviética» bajo todo concepto. Para cualquier caso, es mejor no dar demasiadas precisiones y siempre llamarle indefinidamente «de izquierda» a cualquiera de las acciones que hagas. 

Jamás olvides que todo es político, hasta las leyes. No te detengas en el hecho de que sólo los políticos pueden transgredirlas.

Hablando de leyes, ya tenemos las nuestras.  

Se acabaron los debates. Es el tiempo del escrache, que pronto dará paso a la autocensura. 

Ten siempre a flor de labios epítetos como: «fascista», «machista», «nazi», «golpista», y por qué no «estalinista». Podrás usarlos en cualquier ocasión. Hemos dicho bien: en cualquiera.

No está permitido profesar ninguna religión que tenga relación estrecha con nuestra propia cultura. Sólo se podrán elegir las que dominen en otros países o las minoritarias. Tampoco es válido hacer declaración de ateísmo: eso podría ofender a alguien. Abogamos, más bien, por un cómodo agnosticismo. Si puede ser antecedido por el adjetivo «respetuoso», mejor.

No temas: tu deseo siempre será lo más importante. Caiga quien caiga, nadie podrá obligarte a cumplir nada que no figure en tus deseos. Te haremos saber, por cierto, qué desear. Faltaba más.

No importan las críticas: sabremos demonizar al que las haga. 

La Historia no importa: preferimos la leyenda.

No importan las estadísticas: sabremos crear bibliografía, departamentos universitarios, referentes culturales y medios afines capaces de negarlas, de hacerlas decir lo contrario de lo que dicen.

Una evidencia no importa: no nos fijemos en ella, sino en quién la provee. Sólo las pruebas que confirman lo que decimos y hemos de decir, sólo esas, valen. Estaremos para subrayártelas a tiempo.

No importan la física, la química, la fisiología ni mucho menos la biología: lo que importa es lo que sientas. Mejor dicho, no importa lo que sientas: importa que sientas lo que te decimos.

Del principio de inocencia y del de igualdad ante la ley no hablaremos. Hemos dicho que no habrá debates. 

Por último, no olvides que somos mayoría, pero hemos transmitido a todos, aun a nuestros acólitos, la certeza de que estamos en desventaja. 

Así funciona el dogma de la Inmaculada Corrección Política. A nadie le sea permitido quebrantarlo.




Ilustración: El carro de heno (fragmento), El Bosco. 

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